Here is a little thing I wrote
... y otras sorpresas
Creo que no tengo ni el espacio ni la imaginación suficiente como para imaginar su reacción en este momento. La reacción de todos. No se trata de hacer una sombría reflexión, ni una cruda disertación ni una alegre invitación, pero ahora, no puedo dejar de pensar en que la muerte, para nosotros los espectadores, lo complica todo.
La última vez que lo vi fue hace dos semanas en plaza Galerías en el estreno de la película de "Batman: Inicia". Lo vi como se ven todos los encuentros cotidianos e inesperados: con prisas y alegría. Me saludó de un abrazo y nos despedimos a medias con una promesa de vernos pronto. Ahora que lo recuerdo, me gustaría pensar que ese último encuentro fue uno feliz, y que en medio de toda tristeza cotidiana, él estaba contento.
El miércoles por la mañana recibí una llamada de mi hermano: a Jeziel lo habían encontrado el domingo en la madrugada en periférico, sin cartera ni celular, y según las autoridades atropellado… en ese momento estaba en el hospital civil inconsciente, no recibía visitas y nadie sabía realmente qué tan grave estaba.
A lo largo de la semana pedazos de información me ayudaban a armar el rompecabezas. Primero vino el accidente que nadie puede comprender todavía. Después el estado de coma, la insuficiencia respiratoria, las altas temperaturas y lo último que supe: insuficiencia renal. Para
este momento debí haber imaginado el siguiente paso, y de hecho lo hice, pero mi mente bondadosa imaginaba recuperaciones milagrosas y valiosas lecciones de vida… sin embargo la realidad siempre ha estado peleada con mi imaginación, y lo que vino lo complica todo.
Sé que existen miles de refranes y hasta "correos cadena" destinados a momentos como estos. Sabiduría popular cuyo propósito nunca me ha quedado muy claro, y aún ahora, me sigue importando poco.
Sin embargo todos nos encontramos con momentos como estos, donde las advertencias dejan de serlo, y nos quedamos, según como lo queramos tomar, con una promesa o con un "hubiera". Pensándolo todo y nada a la vez. Reflexionando en cosas grandes como el amor en un momento, y en al instante siguiente estar absortos en un vaso de leche.
Es un fenómeno extraño la muerte, que aunque sea parte de nuestras vidas, nunca deja de sorprendernos, y aunque ya la hayamos visto cara a cara en otras pérdidas siempre la sentimos extraña y enrarecida en su cotidianeidad.
Jeziel fue un gran amigo en su corta intervención por mi vida. Y no es fácil darme cuenta que ya no va a estar ahí, en esa esquina, para que le demos un "aventón" al trabajo; que ya no lo voy a escuchar reír; que ya no va a dibujar ni me va abrazar. Todo se complica para nosotros, y aunque estoy seguro que a él ya poco le importa, nosotros nos quedamos extrañándolo en este domingo, ahora complicado yarruinado, por esto, la muerte, que aún no me atrevo a llamar
cotidiano y natural.
Escribo esto no buscando simpatía ni tampoco buscando en ustedes una reflexión que cambie sus vidas… y Dios me ayude si escribo esto con una maldición de que si no lo mandan a quince amigos serán violados por una cabra loca. Escribo esto de manera egoísta. Lo escribo porque
escribir me hace sentir mejor, lo escribo porque dentro de todo mi egoísmo encontré un momento para acordarme de ustedes…
… lo escribo, porque aún no puedo dejar de pensar en ese insípido "adiós", en mi encuentro cotidiano con él, y en las prisas que le dediqué mi tiempo la última vez que lo vi.
Creo que no tengo ni el espacio ni la imaginación suficiente como para imaginar su reacción en este momento. La reacción de todos. No se trata de hacer una sombría reflexión, ni una cruda disertación ni una alegre invitación, pero ahora, no puedo dejar de pensar en que la muerte, para nosotros los espectadores, lo complica todo.
La última vez que lo vi fue hace dos semanas en plaza Galerías en el estreno de la película de "Batman: Inicia". Lo vi como se ven todos los encuentros cotidianos e inesperados: con prisas y alegría. Me saludó de un abrazo y nos despedimos a medias con una promesa de vernos pronto. Ahora que lo recuerdo, me gustaría pensar que ese último encuentro fue uno feliz, y que en medio de toda tristeza cotidiana, él estaba contento.
El miércoles por la mañana recibí una llamada de mi hermano: a Jeziel lo habían encontrado el domingo en la madrugada en periférico, sin cartera ni celular, y según las autoridades atropellado… en ese momento estaba en el hospital civil inconsciente, no recibía visitas y nadie sabía realmente qué tan grave estaba.
A lo largo de la semana pedazos de información me ayudaban a armar el rompecabezas. Primero vino el accidente que nadie puede comprender todavía. Después el estado de coma, la insuficiencia respiratoria, las altas temperaturas y lo último que supe: insuficiencia renal. Para
este momento debí haber imaginado el siguiente paso, y de hecho lo hice, pero mi mente bondadosa imaginaba recuperaciones milagrosas y valiosas lecciones de vida… sin embargo la realidad siempre ha estado peleada con mi imaginación, y lo que vino lo complica todo.
Sé que existen miles de refranes y hasta "correos cadena" destinados a momentos como estos. Sabiduría popular cuyo propósito nunca me ha quedado muy claro, y aún ahora, me sigue importando poco.
Sin embargo todos nos encontramos con momentos como estos, donde las advertencias dejan de serlo, y nos quedamos, según como lo queramos tomar, con una promesa o con un "hubiera". Pensándolo todo y nada a la vez. Reflexionando en cosas grandes como el amor en un momento, y en al instante siguiente estar absortos en un vaso de leche.
Es un fenómeno extraño la muerte, que aunque sea parte de nuestras vidas, nunca deja de sorprendernos, y aunque ya la hayamos visto cara a cara en otras pérdidas siempre la sentimos extraña y enrarecida en su cotidianeidad.
Jeziel fue un gran amigo en su corta intervención por mi vida. Y no es fácil darme cuenta que ya no va a estar ahí, en esa esquina, para que le demos un "aventón" al trabajo; que ya no lo voy a escuchar reír; que ya no va a dibujar ni me va abrazar. Todo se complica para nosotros, y aunque estoy seguro que a él ya poco le importa, nosotros nos quedamos extrañándolo en este domingo, ahora complicado yarruinado, por esto, la muerte, que aún no me atrevo a llamar
cotidiano y natural.
Escribo esto no buscando simpatía ni tampoco buscando en ustedes una reflexión que cambie sus vidas… y Dios me ayude si escribo esto con una maldición de que si no lo mandan a quince amigos serán violados por una cabra loca. Escribo esto de manera egoísta. Lo escribo porque
escribir me hace sentir mejor, lo escribo porque dentro de todo mi egoísmo encontré un momento para acordarme de ustedes…
… lo escribo, porque aún no puedo dejar de pensar en ese insípido "adiós", en mi encuentro cotidiano con él, y en las prisas que le dediqué mi tiempo la última vez que lo vi.

1 Comments:
At 2:44 PM,
darth_julius said…
Lamentablemente la mayor parte del tiempo andamos en "prisas" y no sabemos cuando o quien sea quien se nos vaya a ir.
Animo, Vic, un abrazo!.
Post a Comment
<< Home